Poesía colombiana: Patricia Iriarte

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Patricia Iriarte / ©Polaco

Pulidora del verso, Patricia Iriarte Diaz-Granados* escribe “para conjurar el olvido” y, de paso, nos lleva a un recorrido de la palabra como estructura vital en el Caribe colombiano. Aquí una selección de sus poemas:

(De Territorio del delirio, 1998)

Denso y ácido

Es sábado
y la mañana ha logrado cuajar
un sol de mayo

Un paisaje me espera
más allá del embalse
para limpiar mis ojos

Un paisaje, pienso,
como hoja fresca de menta
para el aire denso y ácido que
la ciudad ha metido en mis pulmones

Conduzco sola por la ancha vía
De pronto
el fluido metálico y ruidoso
se hace lento se atasca se detiene

La mañana se ahoga en un cordón policial
el sol se estrella en una sábana blanca
que alcanza a duras penas
a cubrir un cuerpo

Los brazos en cruz
la espalda enfriando el pavimento
el auto manchado

la cicatriz en mis ojos
la cicatriz en mi memoria
la cicatriz
que nunca cierra.

Romance de ciudad y lluvia

Ahora es la una y veinte de la tarde y llueve con ganas, como casi nunca llueve en Bogotá. Me gustaría estar contigo, aquí o enfrente de cualquier ventana, mirando esta persiana de agua que se descuelga sobre la ciudad. Me gustaría mirarla abrazada a ti, para conjurar esta nostalgia y el frío que viene siempre con las tardes lluviosas.

Llueve con ganas, y mientras la ciudad se deja querer por el agua, yo me muero de ganas de quererte y de cubrirte de besos húmedos. De miles y miles de besos que caigan sobre ti, como aguacero.

(De Libro de Viaje, 2008)

Del viajar

El viaje comienza en el insomnio de la víspera,
cuando la mente repasa los motivos de la errancia.
Sus aperos. Sus peligros.
Luego hay que vérselas con el acre sabor del
abandono, percibido en el gesto de entregar ese
reducto del mundo que habíamos hecho nuestro.
Pero aún nos aguarda comprobar lo que tiene
el recuerdo de despojo: el alma plasmada en las
imágenes nos dice que nada nos perteneció jamás.
Y cuando al fin sobreviene la partida,
allá vamos, viajantes solitarios: un
atado de objetos —casi siempre inútiles–
y en los huesos, la fatiga.

Hablaremos de amor en medio de la guerra

Desde el centro de tu ciudad sitiada me contarás que oíste de nuevo unos disparos. Como aquella noche. Como tantas. Que mañana quizá no venga el vendedor de frutas porque hay orden de cierre en el mercado. Aplazaré entonces la visita del sábado y hablaremos de amor en medio de la guerra. Planearemos una emboscada a la esperanza cuando pase corriendo por aquí y la esconderemos de sus enemigos el tiempo que sea necesario. Porque los asesinos se persignan antes de la masacre, como pescadores que parten hacia el mar.

Balada del destierro

Dejé mi tierra para burlar el miedo
pero el miedo se pega a mis zapatos. Como la sangre a la memoria.

Tierra y terror resultan ahora palabras hermanas.

Sangre que el sol ha secado. Ira que amarga los amaneceres.
Rabia que enturbia los ojos de mi hijo.

No fue rojo el amanecer sino la noche entera. A gritos dijeron:
marcha o muerte. Hoy en silencio marcha y muere.

Otro lugar comienza a llegar bajo mis pasos. Otro aire, sucio, y otra tierra, gris. Sin flores ni animales que alimenten la vida. La vida, que se compra y se pierde en las esquinas.

De repente, el sueño de ciudad se convierte en pesadilla…

Porque nada soy en la tierra de otros. Sólo una intrusa bajo un sucio vestido.

 

En Como llama que se eleva. Antología de mujeres poetas del Caribe colombiano, Ediciones Exilio, 2017

***

Patricia Iriarte Díaz Granados. Sincé (Sucre), 1962. Estudió Comunicación Social y es Magister en Estudios del Caribe de la Universidad Nacional de Colombia. Sus intereses la han llevado a incursionar en el periodismo, la investigación, la museografía y la gestión cultural. Ha publicado tres libros de poemas: Mal de amores (1992), Territorio de delirio (1998), Libro de viaje (2008) y Los cuartos de la casa (2017), además del Manual para cubrir la guerra y la paz (1999), Totó, nuestra diva descalza (2004 y 2010) y Los usos del audiovisual en el Caribe colombiano (2011), en coautoría con Waydi Miranda. Desde 2014 imparte la cátedra de Poética latinoamericana y caribeña en la Facultad de Bellas Artes de la Universidad del Atlántico, labor que comparte con la escritura de crónicas, entrevistas y reseñas.

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